Oportunidad única para el inversor

18 febrero, 2013

Artículos, Nuestros expertos

Jaume Puig. Director general de GVC Gaesco Gestión.

A finales de octubre de 1991, en la costa Este de EE.UU., se dio una rara combinación de circumstancias metereológicas adversas que las agencias gubernamentales bautizaron como la tormenta perfecta, y que fue inmortalizada tanto en un libro como en una célebre película. Se trató de una inusual combinación de factores que ocurre una vez cada muchos años. De forma análoga, en los mercados bursátiles existe hoy una rara combinación de circumstancias, favorables esta vez, con las que cada generación de inversores se encuentra una, o a lo sumo dos veces, a lo largo de su vida.

Tras las importantes revalorarizaciones bursátiles acumuladas muchos inversores se formulan preguntas del tipo: ¿es prudente seguir comprando habiendo subido, desde mayo del 2012 a enero del 2013, un 27% el Eurostoxx-50, un 30% el Nikkei-225 o un 37% el Ibex-35? ¿No es inusual, por ejemplo, que el Eurostoxx-50 haya subido todos y cada uno de los últimos ocho meses, y que deberíamos remontarnos a 1998 para encontrar una serie de 9 meses positivos consecutivos o a 1997 para encontrar una serie de hasta 12 meses? ¿Es normal que el mercado bursátil se haya dormido, descendiendo la volatilidad a unos niveles históricamente bajos, proporcionando, por ejemplo el Eurostoxx-50, una rentabilidad mensual estable de entre el 2% y el 3% cada mes durante los últimos cuatro meses? ¿Puede seguir el inversor bursátil percibiendo cada mes la remuneración que un depósito bancario proporciona, o mejor dicho proporcionaba, en un año? Son preguntas razonables, que se hacen inversores de todo el mundo. La mayoría están agazapados, a la espera de una caída del mercado para aumentar sus posiciones en renta variable, y son tantos, que su propia acción impide que el mercado caiga significativamente.

¿Cuáles son estos factores que la actual coyuntura bursátil sea tan especial? Coinciden en un mismo momento en el tiempo unos grandes descuentos de valoración, un fuerte crecimiento de beneficios empresariales y unos flujos monetarios favorables. Hemos vivido otros contextos donde no había descuentos de valorización, años 2000 o 2007 por ejemplo, otros en los que había descuento de valorización pero no flujos monetarios favorables, el 2003 o el 2012, y otros en los que había descuentos de valoración sin crecimiento de beneficios, el 2002 o el 2009. En esta ocasión, en el 2013, todo se alinea. Los descuentos de valoración son de gran magnitud, como reflejan los ratios como Per, Ev/Ebitda, precio/valor contable, rentabilidad por dividendo o prima de riesgo.

Estamos en pleno proceso de reversión a la medida de estas magnitudes, que podría durar unos dos años más hasta completarse, en los cuales las cotizaciones deberían recuperar el retraso que acumulan respecto a los beneficios empresariales. Las futuribles subidas de los tipos de interés no amenazan este proceso, ya que únicamente serían nocivas para el mercado a partir de que los tipos de interés de largo plazo superaran el 5%. Mientras esto no sea así, es perfectamente compatible una subida bursátil con una caída de la renta fija, la cual, dicho sea de paso, sólo atrae a aquellos que invierten con el retrovisor puesto.

No sólo los beneficios empresariales han igualado los niveles máximos históricos, sino que además se espera para los dos próximos años un crecimiento de doble dígito, muy superior al crecimiento tendencial histórico. Esta evolución de los beneficios se fundamenta en dos pilares, el fuerte crecimiento económico mundial y la superación de los márgenes empresariales precrisis. Las empresas se han reestructurado, luego cuando recuperan las ventas lo hacen con mayores márgenes y beneficios superiores. Dentro de unos años una parte de este margen se trasladará a salarios, pero todavía es pronto para ello. Finalmente, los flujos monetarios están siendo favorables tanto por parte de unos inversores que ven que los activos sin riesgo no proporcionan remuneración y que tienen además una exposición baja hacia los activos con riesgo, como parte de unos especuladores que están a la búsqueda de una nueva tendencia de mercado a la que subirse.

Puede que los rentistas estén descontentos con este mundo de tipos de interés bajos, pero estamos ante la mejor hora para el inversor.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado en el suplemento Dinero de La Vanguardia el pasado domingo 17 de febrero de 2013.

 


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